miércoles, 23 de junio de 2010

Odio y cosas varias.

Con todo mi rollo de la Universidad (Estoy pasando por un momento bastante delicado académicamente hablando) no he tenido ni la inspiración, ni el tiempo para hacer un post que tengo desde hace algún momento en la cabeza: Sobre el odio, ese sentimiento que todos hemos llegado a sentir, aunque este socialmente muy mal visto, casi supersticiosamente perjudicial.

En mi vida he pasado situaciones fuertes (Se que no mas fuertes que la mayoría, pero no puedo basar mi vida en lo que pueden o no pasar los demás, lo lamento) Divorcios, muertes, desilusiones, fracasos varios. He llegado a concluir que soy incapaz de odiar directamente a una persona. No puedo desearle muerte u otros males a otro ser humano, y de eso estoy totalmente seguro. No guardo rencores tampoco (Y que oportunidades he tenido por montones) en fin, me considero bastante "puro" en ese sentido. No estoy hecho para hacer daño a la gente (Si lo he hecho, pero nunca intencionalmente)

Lo que si siento, cada día que respiro, es odio a situaciones, a momentos de mi vida, a cosas que he vivido y que hubiese dado lo que sea para evitarlas. Se que no debemos arrepentirnos de las cosas que hacemos, eso lo tengo claro, pero no hay momento en el que no desee tirar el tiempo atrás y hacer las cosas de otra manera, pero como esto es imposible, no me queda otra que agradecer esas acciones y situaciones, porque ellas hicieron de mi vida lo que es ahora, y estoy agradecido en ese sentido. Hay momentos en mi vida, que ahora mirándome donde estoy, me gustaría volver a vivirlos para hacerlas mejores.

Yo: "Hay que irnos ya, mamá nos dio permiso hasta las 6 y si no llegamos nos fríen."
El: "Pero esta lloviendo, nos vamos a enfermar como siempre que nos mojamos."
Yo: "Al llegar a casa podemos bañarnos con agua caliente y no pasara nada."
El: "Ok, pero corramos para "no mojarnos tanto.""

No hay manera de que el pudiese contradecirme, era el mayor, y aunque en carácter el SIEMPRE me había llevado una ventaja admirable, yo tenía el poder que esos 3 años de diferencia me conferían. Se hizo todo exactamente como yo había dicho. Mis amigos, mi hermano y yo corrimos como locos para llegar lo mas rápido posible. En un punto, faltando aproximadamente 4 metros para llegar a donde se suponía que corríamos desesperados, miré tras de mi para ver que tanta ventaja llevaba sobre el resto, y solo tengo en mi mente la imagen de mi hermano menor corriendo lo mas fuerte que podía, y al mismo tiempo con sumo cuidado para evitar resbalarse y a la vez, correr por debajo de los pocos sitios con techo para "no mojarse tanto" y les juro por mi vida, que esa es la ultima imagen de él que tengo grabada en la mente, esa imagen que me ha perseguido durante 11 años de mi vida. Quizás, de no haber tomado la peor decisión en ese momento, tantas cosas en mi vida serían completamente diferentes, quizás mejor, quizás peor, pero de algo estoy muy seguro: Mi familia sería otra, mi madre sería otra, y quizás mi padre también, no estoy seguro. (Ya no recuerdo como era antes del divorcio)

Los pocos que quieran comentar en este post, al llegar a este punto, tendrán en mente comentarios como "no podías evitarlo" o "son cosas que pasan" o "así es la vida" o el tan acostumbrado "no es tu culpa" Se los agradezco en el alma, porque lo hacen con la mejor de las intenciones, pero eso no borrara esta imagen de mi mente, ni evitara que piense en este Sábado 31 de Junio de 1999 cada vez que pase por ese lugar y haga el mismo recorrido.

El resto de situaciones "odiadas" son menores en importancia, ahora que miro atrás. Sin embargo todas y cada una de ellas han dejado una marca que no se borra (o que yo no he podido borrar, aún no estoy seguro) El divorcio, errores varios que yo he cometido, errores que otros a mi alrededor han cometido y que de manera directa o indirecta me afectan, incluso, las situaciones que vivo desde un tiempo para acá, y que por mas que lo intento fervientemente no puedo derrotar.

Solo puedo decir, para concluir un post que sinceramente no puedo extender mas, que es inevitable (al menos para mi) sentir esto que siento todos los días, todos estos sentimientos que tengo dentro, todas estas culpas, reproches, y sobre todo, "odio" por todos estos momentos que no se olvidan, imágenes que no consigo borrar, palabras que aun puedo escuchar claramente, golpes anímicos y morales, y hasta los martirios cotidianos que me acompañan siempre, porque han transformado mi vida en algo un poco mas difícil de manejar de lo que YO esperaba (Espero que en las vuestras tengan mas alegrías de las que tengo yo, de corazón.)

P.D: La imagen inicial es para que rían un poco.. Que los post tan tristes no gustan a nadie (?)
















lunes, 7 de junio de 2010

Desarraigándonos. Por: Rafael Osío Cabrices

Me costo mucho encontrar este articulo en la web, pero al final lo logré. Me siento plenamente identificado con estas palabras, y no es algo que me alegre mucho. Pero es la realidad del país en el que vivo. Préstenle la atención que merece. Es triste sentir algo como esto, viviendo en un país tan maravilloso como este, con tanto para ofrecer, pero al que le han dado tan poco. Este país ha caído en desgracia, y eso SOLO puede saberlo quien vive aquí (Es muy fácil opinar de la situación ajena, estando lejos) El que tenga ojos, que vea.

Desarraigándonos. Por: Rafael Osío Cabrices

La severa dislocación , el descoyuntamiento de Venezuela de los últimos años la cuenta de cuándo comenzó la fractura es personal, al igual que la evaluación de esos daños, si los huboha comenzado a producir en algunos de nosotros una sensación de exilio, de yo no soy de aquí, de yo no pertenezco a esto.

Una sensación que se nos clava en el pecho y que nos hace preguntarnos, mirando a nuestro alrededor, qué es ser venezolano. Y si ser venezolano es eso que uno ve en la calle, o en la televisión, o en la prensa. Si ser venezolano es lo que el “gobierno” llama ser patriota o ser bolivariano. O es burlarse de toda norma. O es negarse a toda reflexión, a toda duda, a todo enfrentamiento con los muchos enigmas que nos tira la realidad a la cara, aunque tratemos de ver hacia otro lado. Si ser venezolano es sumergirse en el creciente río de gente que ha aceptado formar parte de la gran complicidad en cuanto a profundizar nuestros defectos colectivos.

Es algo más que la reclusión voluntaria, por cansancio del mundo exterior o por miedo a la inseguridad. Es la dolorosa vivencia de quien ha tenido que dejar su tierra y ha empezado a vivir entre extraños, ante un idioma que apenas comprende, ante un montón de reglas y de códigos que todavía no domina. Es comenzar a sentirse un exiliado sin haber salido de aquí, sin haber dado el paso que otros están dando: encaramarse en un vuelo internacional sin pasaje de regreso.

Sé que una vez más me insultarán los nacionalistas de escapulario y los que se creyeron Ve- nezuela heroica, pero lo que me importa es que ustedes me entiendan. Intentaré explicarme: no es que a nosotros, los que nos estamos desarraigando, nos estén dejando de gustar las arepas o el queso Palmizulia. Nada que ver con eso. Ni que hayamos botado nuestros discos del Ensamble Gurrufío o nos haya cambiado el acento.

El problema va por otro lado: los valores. El conservarlos, el no poder convivir con los miles de tipos que los amenazan y que se burlan de ellos. Va por el lado del paisaje: parte del entorno físico de nuestra infancia o adolescencia ha sido demolido o contaminado hasta lo irreconocible. Nos cuesta mucho tomar la decisión de ir a una playa para verla en el estado en que está y someternos al clima de violencia que impera en la cola y en la arena. El problema es que nos criaron para una Venezuela que ya casi no encontramos por ninguna parte, salvo en nuestra memoria. Y esa Venezuela anterior, ese pequeño país nuestro, no estaba exento de mentiras ni de injusticias, no era ninguna Dinamarca, pero sin duda era preferible a este interminable reguetón, a esta siniestra adivinanza, a esta ruleta rusa.

Nos cambiaron todo, desde el escudo hasta la cédula, desde el billete de cinco hasta el reloj de La Previsora, el presupuesto personal, el simple hecho de tomarse un café con azúcar y leche. De paso, nos insultan, cada día, sin falta, en todos los periódicos, en los semáforos, en la cola del banco.

Y nos dicen, oficialmente: “Si no les gusta, que se vayan”. Pero resulta que si ya no somos de aquí, tampoco somos de ninguna otra parte. No tenemos otra nacionalidad ni otro léxico. El país que al parecer perdimos era el único que teníamos. Ya no tenemos raíces: se las comieron las termitas, las cercenó una inundación. Estamos desarraigados, o en trance de serlo.


miércoles, 2 de junio de 2010

Nunca es suficiente.


Desde muy pequeños nos enseñan que en esta vida debemos complacernos siempre a nosotros mismos. Ser felices con lo que somos y hacemos, sin importar lo que piensen los demás seres que nos rodean. Intentar siempre buscar lo que nos satisface, procurando nunca hacer daño a nadie, dando nuestro mejor esfuerzo y disfrutar de las victorias personales, fruto de la perseverancia y el trabajo duro.

A mi siempre me inculcaron estos pensamientos, esta manera de actuar y de ver la vida. Pero por alguna razón, en el camino perdí el deseo de complacerme a mi mismo, y me enfoque en complacer al resto (Padres, familiares, novia, etc) Evidentemente, considerando la manera en la que fui criado, es una contradicción rotunda a todo lo que me ha sido enseñado. ¿Razones? Demasiadas. El ser humano no esta diseñado para vivir solo, ni para disfrutar en soledad todo lo que alcanza durante el camino. Seamos bien honestos: ¿A quien no le gusta complacer a los demás? Alcanzar metas que otros esperan que alcances, y disfrutar luego de elogios, mimos y palabras de aliento, debe ser una de las recompensas mas codiciadas de la humanidad. Que nuestras victorias y logros sean reconocidas y alabadas por nuestros iguales es impresionantemente satisfactorio.

Quizás es por esto que millones de personas pierden el rumbo de la victoria personal y buscan complacer a otros, dando incluso cosas de si mismo que, de otra manera, no haría jamas. Escoge esta o aquella Universidad, toma esta o aquella actitud, ten esta o aquella amistad, comparte una u otra linea de pensamiento, y como estas, millones de decisiones que tomamos casi a diario, tratando de complacernos AL COMPLACER AL RESTO.

Son muy pocas las personas que logran dejar de pensar en complacer al resto, y quizás estas personas tengan una manera de vivir mucho mas sencilla (En el sentido de que dejan de preocuparse por el resto. Es mas sencillo preocuparse por una sola persona) En lo personal, me incluyo en el grupo de los que aún viven encerrados en complacer al resto, aunque eso no me hace nunca 100% feliz.

Debe tener algo que ver con mi manera de ser: Paciente, calmado, dadivoso, entregado, enamorado, desinteresado, desorganizado, y para de contar. Todas estas suenan como virtudes, pero en busca de la felicidad que rezan los especialistas, y todas estas cosas que nos enseñaron de pequeños, no todas son las cualidades mas adecuadas que debe tener un ser que se complace a si mismo.

Lo intento, juro por mi alma que lo intento. Intento tomar las mejores decisiones, dar lo mejor de mi, hacer las cosas que me hagan feliz. Pero nunca puedo dejar de pensar en complacer al resto, y es aquí cuando me doy cuenta de que nunca es suficiente. Nunca logramos complacer a todos los que amamos, nunca terminamos de convencer a aquellos que nos importan, y quizás nunca logramos ser aquello que queremos que los demás vean en nosotros. Esto me lleva a jamas estar satisfecho conmigo mismo, a pensar que no soy y nunca seré la mitad de lo que la gente espera de mi. Es inevitable pensar en que al intentar complacer a los demás con tanto fervor, jamas seré feliz con la vida que llevo, y cuando intento centrarme en mi mismo, termino hiriendo, deteriorando, maltratando, esas otras cualidades que mi alrededor espera de mi, y vuelvo a caer en el mismo hueco.

Quiero pedir a los entes pertinentes, que me den el camino a seguir para la felicidad personal, sin no descuidar un momento aquellos por los que daría mi vida. Porque, honestamente, me quede sin ideas, sin un camino a seguir, y siento que en algún momento de esta tragicomedia que llamo vida (mi vida) me quedare sin oportunidades. -S-


 
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